|
El amigo Luis Mera nos envía un nuevo cuento. Se titula "El día que nos afanaron Escalada". Adelante.
El ultimo trimestre del 2007 constituyó para mi realmente un verdadero
infierno, los innombrables no paraban de ganar, acercándose
peligrosamente al título, y en caso de lograrlo ya no los podía cargar
con el argumento de la Conogol, con el que me defendía cuando me
chicaneaban con la Copa internacional que ellos habían conseguido. Cada
domingo estaba mas pendiente del resultado de ellos que del nuestro,
para colmo Independiente se caía a pedazos, Boca no daba sensación de
solidez, y Tigre, si bien estaba haciendo un campañon, era un equipo
muy verde todavía como para ser campeón.
Mi mejor compañero de trabajo, mi tocayo, era un veneno de los que se fueron a la C , y me cantaba todos los lunes “Se viene el Grana Campeón, Grana campeón, Grana campeón”, y uno sabe que a los amigos nos los puede putear; así que desesperado lo fui a ver a mi analista, y este con esa cara de poker que ponen los sicólogos, descorazonadamente me dijo “Yo, desde la ciencia, no puedo intervenir”, a lo que le respondí, en tono suplicante: “pero usted no entiende tordo, para mi es un caso de vida o muerte”. Harto de mis rogativas me recomendó que fuera a ver a Ña Esculapia, una vieja manosanta paraguaya que “atendía” en un rancho que se caía abajo cerca del Fortín; pero eso si, me aclaró, “Mire, que este consejo yo no se lo di, usted lo soñó, no se olvide que soy un científico”. La verdad que a mi me importaba un carajo su reputación académica, solo quería que los que tienen la camiseta de peor color del país no lograran el título, no sabía si iba a poder soportar la ignominia que significaba verlos dar la vuelta.
Así que tomé valor, me olvidé de mi descreimiento absoluto en lo sobrenatural, me decidí, me camuflé lo mejor que pude, para que nadie me reconociera ,y una mañana de sábado me subí a la P roja y la fui a ver a la vieja; para asegurarme que ella no fuera del Grana lo encaré a un canicero de enfrente, claro que tuve que comprar un poco de asado como para disimular, quien me aseguró que Ña Esculapia no era de ningún club, ¡Si sabe menos de sabe menos de fútbol que Cavallo de economía!, me convenció.
Con ese dato estratégico cruce la calle, le pagué los 20 mangos que recaudaba un a especie de Chulo que tenía la vieja y me dispuse a esperar turno. Al entrar al cuarto, que no se porque me hizo acordar de los piringundines que frecuentaba en mi adolescencia frente a la cancha de San Telmo –tal vez por lo del chulo sería- me recibió un insoportable aroma a sándalo persa y la imagen de una anciana tuerta y desdentada, con una lechuza de escudriñadores ojos saltones, posada en su hombro izquierdo. En el altar sobresalía la figura de Santa Teresa, que para colmo era la patrona de Lanús.
De entrada le erró el vizcachazo en el diagnóstico al afirmar:
-Joven, no me diga nada, ya se que lo trae por aquí.¡Seguro que sufre de mal de amores!.
-No, las minas ya ni me importan con el kilombo que tengo en el bocho.
-Por eso, es porque le hicieron un trabajo m’hijito. Pero no se preocupe que con la ayuda de Santa
Teresita yo le voy a destrabar el hechizo; hay mujeres que son terribles cundo se las abandona.
Mientras me rebanaba los sesos buscando la manera le explicarle a la vieja manosanta mi problema, me acorde que hace seis o siete sábados había cagado a una morocha en Mi Clúb, y la guacha me maldijo con un ¡Este año una desgracia se te cruzaría en el camino!...La puta, Ña Esculapia tenía razón, se trataba de una típica maldición femenina nomás.
-Así que amigo la única solución es que rompa el hechizo arrojando cuatro puñados de sal gruesa en las respectivas esquinas de la manzana donde vive la ingrata, y el maleficio desparece al instante.
-Y ¿Quién me asegura a mi de la efectividad de su método?.
-Señor, por favor, no me ofenda. A mí me consultan para que les lea el futuro a través de la borra del café grandes personajes del ambiente artístico, desde Marcelo Tinelli hasta el Ruso Sofovich pasan por aquí; así como políticos como Menem, Scioli y tantos otros, se agrandó la Vieja.
Cerré el cortinado pensando:¡Soy mas boludo de lo que creía!. Pero bueno –me consolé-al otro día ellos recibían a Tigre –otra sensación del torneo- y era imprescindible usar cualquier método para que perdieran; de modo que busqué el almacén mas cercano para comprar la dichosa sal gruesa, y preguntar que bondi me dejaba mas cerca de la sede de los odiosos vecinos.
Al llegar a la puerta del restaurante granate tenía un enorme manojo de sal en cada bolsillo, poniendo la mejor cara de boludo posible comence el rito que me había prescripto Ña Esculapia. Al terminar tome el matanza y rumbee hacía la ciudad mítica ….. Ya era el mediodía del sábado-
Al día siguiente, con tristeza, la tele me confirmaba que la racha de ellos no se cortaba, ni siquiera ante los bravos de Cagna ….. me tenía que resignar: el titulo lo tenían al alcance de la mano; además estaba claro que la Tuerta me había comido los 20 mangos; me lo tenía bien merecido por creer en boludeces, pero bueno, ¡la necesidad tiene cara de hereje!. Para que les voy a contar si ni siquiera la mítica Bombonera los pudo frenar; para no escuchar las bombas ni ver los festejos por T.V. decidí tomarme un tren a Chascomús el viernes a la noche previo al desenlace y pasar todo ese fin de semana fatídico alejado del conurbano.
Pero, claro el lunes debía encontrarme con mi tocayo: el guacho se vino con la típica camiseta color caca y un gorrito del club de sus amores. Al verme me dijo en tono de sorna: “Giles, ahora quedan ustedes y el Lobo como únicos equipos de primera sin salir campeones”, y lo peor era que tenía razón.
No me consoló ni siquiera Osvaldito Fani quien tomando un café en Tiara me dijo, con su habitual moderación:
-Tranquilo Luis, si le ganábamos el partido increíble que nos dieron vuelta en Banfield terminábamos empatados en la punta
Lo que me dejó más preocupado es cuando el mozo vino a cobrar y Osvaldito murmuró entre dientes : ¡No solo Escalada nos cagaron¡ ¡Ahora también son campeones!.
Ahí lo corté en seco, diciéndole –mientras pedía otra vuelta de café- Contame Osvaldo lo de Escalada ya mismo.
-Escuchame no sos profesor de historia vos acaso, no podes desconocer como nace el municipio de los innombrables.
-Te juro, se que fue en la época anterior a Perón, pero nada mas.
-Bueno, te paso a explicar, toda la zona sur del conurbano esta ligada a la historia del Ferrocarril del Sud
-Eso ya lo se hombre.
-Resulta que los talleres ferroviarios estaban en la estación Sola, cuando empezó a quedarles chico el lugar la empresa decidió mudarlos hasta el kilómetro 11 de la vía principal, en un lugar que se llamaba Villa Galíndez en esa época. Allí compraron en 1879 unas 128 hectáreas en el límite entre los partidos de Barracas al Sud –actual Avellaneda- y el de Lomas de Zamora.
-¿Y?.
-Para, no seas ansioso, cuatro años después inauguraron los flamantes talleres y un barrio Las Colonias, que estaba destinado al personal jerárquico ferroviario. Al sector ferroviario empezaron a llamarlo Los Talleres de Banfield, y al resto Talleres o Villa Talleres.
-¿Y Lanús cuando aparece?.
-En esa época ni siquiera era una ciudad, ni tan solo un paraje, se llamaba Villa General Paz para 1888 y la había creado Guillermo Gaebeler, un Intendente de Barracas al Sud, municipio al que pertenecía, al que don Bartolomé Mitre le aconsejó ponerle el nombre del general cordobés a esas 56 hectáreas, compuestas por nueve calles perpendiculares al Ferrocarril y ocho paralelas a este.
-¿Y entonces cuando surge Lanús realmente?.
Eso proviene de la Revolución Libertadora, porque antes en septienbre de 1944 el presidente Farell …
-¿Te referís al general?.
-Exactamente, te decía entonces que Farell le saca Gerli a Avellaneda y nos quita Escalada-llamada así desde 1923- a nosotros y crea el “Partido 4 de Junio”.
-¡En homenaje al golpe contra los conservadores de Castillo?
-Exactamente.
- ¿Escuchame y desde cuando el municipio se llama Lanús?
-Eso proviene de un decreto de la Revolución Fusiladora de 1955, que le pone el nombre en homenaje a Anacarsis Lanús, que fue quien cedió las tierras para construir la estación del tren en 1867.
Esa tarde me di cuenta que Osvaldito no solo sabía de fútbol, a la noche tuve un sueño: Soñé que la ciudad de Banfield se separaba de Lomas y que recuperábamos Escalada.
Cuando se lo conté al analista me respondió: ¡Usted esta irremediablemente loco, eso solo sucede en los Balcanes o en el Caucaso¡. Levantándome del sillón me despedí dejándole un “Ya se que no es real, pero no me diga que como sueño no es hermoso”
|